27 de enero de 2014

Citas Caballo de Troya 5 (Cesarea)




Hoy después de un tiempo de haber publicado citas de los primeros 4 libros de Caballo de Troya, traigo del siguiente, aunque en realidad solo lo he hecho de una manera representativa para no saltar este tomo pues ha sido muy complicado obtener citas para Caballo de Troya 5, ya que por el modo en el que el libro se desenvuelve, es imposible hacer pequeños extractos sin contar el libro en sí, es posible que como lo he mencionado anteriormente, algunos de ustedes amigos, que se toman un tiempo para leerme, no conozcan esta saga, por lo que yo les invito a leer estos bellos libros, al menos a mi me gustan mucho y los encuentro tan reales, lo sean o no, eso no importa, lo importante es el mensaje, y el que al menos en mi persona, me han ayudado mucho, sin duda ha sido el mejor viaje que he hecho dentro de sus paginas.

Caballo de Troya, narra la historia y aventura de dos exploradores norteamericanos que tienen acceso a tecnología que les permite viajar en el tiempo, siendo Caballo de Troya 1, el viaje durante la pasión y muerte de Jesús de Nazaret, y llegando hasta Caballo de Troya 5 los acontecimientos ocurridos después de la muerte y la resurrección del Rabí de Galilea, que es justo hasta este libro, del que en sí no he hecho muchas citas, pero la aventura no llega ahí, hay muchísimo que contar por lo que hay 4 libros más de los cuales pronto publicare mis citas favoritas. Se que a grandes rasgos y como menciono el contexto de esta saga, suena muy loco, fanático o bien insultante para algunos, como siempre, esa no es la intención, pero los invito a que tengan la mente abierta, para dejar entrar una nueva, más bella y humana versión del que fue y es un extraordinario ser.


  • Y de pronto, finalizado el discurso, cuando el discípulo -en mitad del silencio- se disponía a saltar de la lancha, sucedió "algo" que, obviamente nadie esperaba, fue tan increíble que, de no haber contado con aquel medio millar de testigos, habría dudado de mi capacidad de percepción e incluso de mi salud mental.
  • El viento cesó. Y lo hizo bruscamente y a destiempo. Era, poco más o menos, la hora décima (las cuatro), faltaban por lo tanto dos horas y cuarenta minutos para el ocaso. Y las fogatas -alimentadas por una fuerza invisible-estiraron sus lenguas de fuego. Quizá estoy tratando de racionalizar lo irracional. De algo sí estoy seguro: "todo" era un inmenso y antinatural silencio.
  • Y en aquel atronador silencio, en el centro de la barca, surgió una alta figura, y quede petrificado. Frente a mí, a poco más de cinco metros, se erguía el añorado rabí. Y durante unos instantes los ojos se pasearon por la desconcertada y temerosa concurrencia. Y abriendo los finos labios, con su templada, vigorosa y acariciante voz, exclamó: -que la paz sea con vosotros-...-mi paz os dejo-. E instantáneamente dejamos de verle. Sencillamente se volatilizó. Y sin intervalo alguno, con el eco de la última frase en mi mente, todo recuperó la normalidad.
  • Mi única obsesión era galopar. Alcanzar el Ravid...y al verme, Eliseo lo supo. Había llegado el momento de la gran aventura. El maestro nos esperaba...
Disculpen que sean tan pocas citas, almenos en mi perspectiva, y gusto no podría obtener más sin dejarlas o muy largas o muy sin sentido, tal vez alguien más tenga un mejor trabajo.

Por lo pronto les dejo aquí los links de las citas de los primeros libros, gracias por leerme!


26 de enero de 2014

El Campo de las Almas. (Isabella Valancy Crawford)


En mi canoa blanca, como el plateado aire

Sobre el Río de la Muerte que oscuro pasa,

Cuando las lunas del mundo son circulares,

Yo remaba volviendo del Campo de las Almas.

Y cuando los deseos del bajo pantano se apenan,

Llegan las plumas sombrías de las Hojas que Cantan.

Doscientas veces las lunas de primavera

Rodaron sobre el aliento azur de la bahía,

Adornándome con las alas del águila,

Pintando mi rostro con el Tinte de la Muerte,

Y de las cañas sobre mi cadáver rompieron

Los solemnes anillos del azul, el último humo.

Doscientas veces las lunas invernales

Arroparon la tierra muerta con su manto pálido;

Doscientas veces las aves del viento salvaje

Chillaron sobre el rubor de la luz dorada

En aquella dulce alba, cuando el verano urdía

Su choza sombría de hojas perfectas.

Doscientas lunas de hojas decrecientes han pasado

Desde que colocaron el arco sobre mi mano muerta,

Cantando a mi alrededor la Canción del Dolor,

Mientras tomaba mi camino en la tierra de los espíritus;

Sin embargo, cuando el cielo azul quiebra su aliento

Llegan las plumas sombrías de las Hojas que Cantan.

Blancas son las chozas en aquel campo lejano,

Donde el ciervo de ojos claros corre por los llanos;

¡No hay pantanos amargos ni marjales cerrados

En la tierra donde feliz caza el gran Manitou!

Y la luna de verano rueda eternamente

Sobre los hombres rojos del Campo de las Almas.

Azules son sus lagos, como el pecho de las palomas salvajes,

Murmurando suave mientras oyen sus apacibles notas;

Tan calmos como las estrellas que duermen en el cielo,

Los lirios amarillos flotando sobre ellos;

Y las canoas, como escamas de nieve plateada,

Atraviesan el lecho de juncos que vienen y van.

Verdes son sus bosques; sin aires violentos

Azotando la arboleda en el crepúsculo,

Con el llanto de los árboles que se afligen detrás;

Pero el viento del sur, amigo del gran Manitou,

Cuando el verde es bañado por el rocío,

Dobla alientos floridos de su caña roja.

Sobre ellos nunca caen las blancas heladas,

Ni sus ramas brillan con el Tinte de la Muerte;

Manitou sonríe en su cielo de cristal,

Cerrando sobre ellos su aliento vital;

Y allí su voz no ruge en el trueno feroz,

Allí cerca de sus felices campos de caza.

Pero a veces anhelo, sobre mi canoa blanca,

Volver a los llanos y bosques del mundo:

Allí está la flecha negra que me penetró,

Allí está la mujer que me dio a luz,

Allí, en la luz del alba de un joven,

Gané el corazón del lirio del ocaso.

Y el amor es una cuerda creciendo fuera de la vida,

Y teñida en el rojo de un corazón vivo;

Y el tiempo es el cuchillo herrumbrado del cazador,

Que jamás podrá cortar aquellos hilos carmesí:

Navego desde la orilla de los espíritus a explorar

Donde el tejido de aquella cuerda comenzó.

Pero no regresaré con las manos vacías,

Muchas riquezas acumulo en mi canoa;

Capullos que florecen en la tierra de los espíritus,

Inmortales sonrisas del gran Manitou;

Y cuando remo hacia las costas de la Tierra

Las disperso sobre el corazón del hombre blanco.

Pues el amor es el aliento del alma puesta en libertad;

Entonces cruzo el Río de la Muerte que oscuro pasa,

Para que mi espíritu pueda susurrar suave

A los que aguardan por el Campo de las Almas.

Cuando sonríe la luz del día,

Cuando la noche pálida se vuelve triste,


Llegan las plumas sombrías de las Hojas que Cantan.

Un momento crucial



Cada cosa que acontece en el mundo día con día, en verdad que me hace pensar, y pesa mucho el ser alguien tan pequeño como para solucionarlo, pero siempre tengo mi conciencia en lo alto y de entender que todo ocurre por algo, y las cosas son como deben ser, y que no se puede disfrutar de la luz sin haber vivido tiempos de sombras....

Es ahora cuando los asuntos humanos están siendo puestos en un momento crucial… Es ahora cuando la verdad de si queremos PAZ o GUERRA se va a ver...

Es ahora cuando nos han dejado solucionar en nuestros corazones cuánto hemos evolucionado hacia el AMOR…

24 de enero de 2014

No Preguntes (Thomas Carew)


No preguntes dónde crea Zeus a la efímera rosa,

cuando de junio sólo queda el recuerdo;

pues en tu honda belleza oriental

descansa toda su esencia.

No preguntes dónde habitan

los dorados átomos del día;

ya que en el cielo enamorado,

para adornar tus cabellos fueron creados.

No preguntes hacia dónde huye

el ruiseñor cuando el otoño concluye,

ya que la dulzura de tu voz

derrite los inviernos y silencia los ocasos.

No preguntes dónde brillan las altas estrellas

que hacia abajo derraman su luz muerta en la noche;

ya que en tus ojos reside el mismo fulgor,

envuelto en trémulas esferas.

No preguntes dónde el esquivo Fénix

teje su ígnea morada,

ya que tu alma es su destino,

y en tu fragante pecho morirá.

Aire y Ángeles (John Donne)


Dos o tres veces te habré amado

antes de conocer tu rostro o tu nombre;

en una voz, en una llama informe,

a menudo los ángeles nos afectan, y aún así los adoramos;

como cuando me acerqué a tí

vi una espléndida y gloriosa nada.

Puesto que mi alma, cuyo hijo es el amor,

requiere de miembros de carne y hueso

o nada podría si ellos,

más sutil que el padre el amor no ha de ser,

sino también ha de encarnar un cuerpo;

por consiguiente, invoco quién y lo que eras,

y al amor conmino, en este mismo instante,

a que se aloje en tu cuerpo,

y en tus labios, ojos y cejas se instale.

En tal caso, como un ángel, con rostro y alas

de aire, no tan puro éste, pero que lleva puramente,

de este modo pueda tu amor ser mi angélica esfera.

Justamente igual diferencia,

como aquella que reina

entre la pureza de los ángeles y del aire,

como la que siempre existirá entre el amor


del hombre y de la mujer.

La Copa de las Hadas (Rubén Darío)


¿Fue en las islas de las rosas,

en el país de los sueños,

en donde hay niños risueños

y enjambre de mariposas?

Quizá.

En sus grutas doradas,

con sus diademas de oro,

allí estaban, como un coro

de reinas, todas las hadas.

Las que tienen prisioneros

a los silfos de la luz,

las que andan con un capuz

salpicado de luceros.

Las que mantos de escarlata

lucen con regio donaire,

y las que hienden el aire

con su varita de plata.

¿Era día o noche?

El astro

de la niebla sobre el tul,

florecía en campo azul

como un lirio de alabastro.

Su peplo de oro la incierta

alba ya había tendido.

Era la hora en que en su nido

toda alondra se despierta.

Temblaba el limpio cristal

del rocío de la noche,

y estaba entreabierto el broche

de la flor primaveral.

Y en aquella región que era

de la luz y la fortuna,

cantaban un himno, a una,

ave, aurora y primavera.

Las hadas -aquella tropa

brillante-, Delia, que he dicho,

por un extraño capricho

fabricaron una copa.

Rara, bella, sin igual,

y tan pura como bella,

pues aún no ha bebido en ella

ninguna boca mortal.

De una azucena gentil

hicieron el cáliz leve,

que era de polvo de nieve

y palidez de marfil.

Y la base fue formada

con un trémulo suspiro,

de reflejos de zafiro

y de luz cristalizada.

La copa hecha se pensó

en qué se pondría en ella

(que es el todo, niña bella,

de lo que te cuento yo).

Una dijo: La ilusión;

otra dijo: La belleza;

otra dijo: La riqueza;

y otra más: El corazón.

La Reina Mab, que es discreta,

dijo a la espléndida tropa:

"Que se ponga en esa copa

la felicidad completa".

Y cuando habló Reina tal,

produjo aplausos y asombros.

Llevaba sobre sus hombros

su soberbio manto real.

Dejó caer la divina

Reina de acento sonoro,

algo como gotas de oro

de una flauta cristalina.

Ya la Reina Mab habló;

cesó su olímpico gesto,

y las hadas tanto han puesto

que la copa se llenó.

Amor, delicia, verdad,

dicha, esplendor y riqueza,

fe, poderío, belleza...

¡Toda la felicidad!...

Y esta copa se guardó

pura, sola, inmaculada.

¿Dónde?

En una isla ignorada.

¿De dónde?

¡Se me olvidó!...

¿Fue en las islas de las rosas,

en el país de los sueños,

en donde hay niños risueños

y enjambres de mariposas?

Esto nada importa aquí,

pues por decirte escribía


que esta copa, niña mía.

Liberación



Hoy me he permitido dejar todo aquello que me ha atado
a momentos desagradables, situaciónes que han sido
en sus momentos dolorosas y que incluso llegaron
a tejer rencores dentro de mi...

Hoy me he permitido dejarlas ir, superando
y perdonandome a mi misma, asi ahora puedo
sentirme más tranquila, más feliz.

Hoy me he sentido liberada, y aunque siga cometiendo
errores, se que como hoy, los dejare ir, no habra nada que
me ate a la trsiteza, la vivire y aprendere de ella
para despues dejarla ir y superarlo.

Hoy me siento libre!

Tiempos de tormenta


 
Sentir como fluyen mis emociones
y llegan al punto de desbordarse,
caen como lluvia por mis ojos
y las nubes de tormenta no
dejan ver la claridad del cielo,
solo puedo sentir la tempestad.
Corren rios de lagrimas
y salen truenos de mi voz,
me sofocan cada segundo,
solo quiero sentir que
el horizonte se despeja
y me dejara ver la claridad
de la mañana.